No pensaba pues, escribir, digo, una sola línea, pero reconozco que frente a esas imágenes, a los testimonios, a los aullidos de las gargantas jóvenes tiradas en dos muelles de la costa española, Almería y Canarias, cuesta guardar silencio. Frente a esto una siente dolor, el mismo, ni más ni menos, que el que siente la inmensa mayoría de la gente de bien, incluidos los que todavía son capaces de verbalizar y alertar sobre la invasión de la que estamos siendo objeto.
Etiopía 2018- dos semanas..
Hace 6 años
1 comentario:
Tienes toda la razón, Marisol. No se puede obviar este tema y seguir tan campantes.Hay que hacer algo, si, pero... ¿¿¿que???
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