
Uno de los peores dramas de la emigración africana tuvo lugar a inicios de este mes, cuando cientos de africanos salieron de Libia con destino a Europa en busca de sus sueños: un buen empleo, un país donde no se sienta, ni de cerca, la guerra, y la posibilidad de enviarles a sus familias unos euros que les garanticen la supervivencia. Pero como sucede casi siempre, estas historias no tienen finales felices, y esta vez, a muchos les tocó hundirse con sus sueños en las aguas del Mediterráneo.
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