
Manuel esperaba para comer a sus hijos un sábado de noviembre pero no acudieron y le sobraron varias raciones de paella. Ante su disgusto decidió junto a su pareja, Paula, bajar al cauce y repartir la comida entre los inmigrantes del cauce. Su iniciativa fue muy bien acogida por estos jóvenes, la mayoría procedentes de Guinea-Conakri y que se ganan algunas monedas como aparcacoches.
2 comentarios:
Estupenda idea y muy buena obra. Hay que ver en lo que se puede convertir el hecho de que tus hijos te den plantón...
UN BUEN EJEMPLO. No he visto ejemplo tan claro para aquello de que "no hay mal que por bien no venga"
Publicar un comentario